La conferencia plantea una revisión crítica del modelo museográfico contemporáneo a partir del concepto de multimodalidad entendido no como suma de recursos sensoriales, sino como un cambio de paradigma en la forma en que los cuerpos acceden, interpretan y construyen sentido en el museo . Frente a un régimen tradicional dominado por lo visual, lo textual y la contemplación distanciada, se cuestiona qué cuerpos están previstos en la experiencia museográfica y cuáles quedan excluidos cuando el diseño expositivo responde a un modelo perceptivo limitado. Desde esta perspectiva, el foco se desplaza del objeto al cuerpo, entendiendo que el sentido emerge a través de la implicación corporal: movimiento, escucha, tacto, orientación o incluso desorientación . En este marco, la tecnología se concibe exclusivamente como mediación, no como fin, es decir, como herramienta capaz de activar otras formas de atención, facilitar experiencias no habituales en el museo y traducir aquello que tradicionalmente ha sido neutralizado .
La propuesta se articula a través de tres casos de estudio. En primer lugar, O Grupo do Leão VR explora la relación entre cuerpo, espacio y obra desde una experiencia perceptiva situada, donde la multimodalidad surge de la interacción física sin depender necesariamente de dispositivos tecnológicos . En segundo lugar, Negaciones 4.0 aborda el patrimonio devocional como un ámbito donde el museo ha desactivado históricamente el gesto, la emoción y el cuerpo, proponiendo una experiencia multimodal que reintroduce estas dimensiones mediante estrategias sensoriales y tecnológicas integradas desde el diseño . Por último, el programa TAEC traslada estos principios al ámbito educativo, planteando una continuidad entre museo y aula y entendiendo la multimodalidad como competencia crítica vinculada a la agencia, la interpretación y la participación activa. En conjunto, la presentación defiende que la multimodalidad no amplía únicamente el acceso, sino que transforma el propio modelo museográfico. La cuestión central deja de ser qué se muestra para centrarse en cómo se posibilita que los cuerpos perciban, participen y produzcan sentido, situando el diseño expositivo como una decisión ética y política sobre quién forma parte de la experiencia cultural.